sábado, 23 de diciembre de 2023

Manual de Comunicaciones para Iglesias y Grupos

 

*Los diseños y logotipos y material presentandos en esta publicación son de uso abierto, se encuentran disponible en la página oficial de la Iglesia Advensita del Séptimo Día, para el uso masivo, publicidad y difsuón en medios de comunicación en general.

Manual de Comunicaciones

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El departamento de Comunicaciones de la Iglesia Adventista del Séptimo Día 

es el responsable por la dirección, coordinación y orientación de todas las instrucciones y atribuciones que involucran cualquier tipo de información necesaria a la comunidad eclesiástica. En cuanto a la política de comunicación, el departamento de Comunicación elabora estrategias de divulgación institucional teniendo en vista la imagen global de la Iglesia, de manera que se construya un proyecto, fortaleciendo la opinión interna y pública

Anhelando una integración más amplia entre los demás departamentos y sectores de la Iglesia, el departamento de Comunicación pasa a servir como asesoría conectada directamente a los pastores y ancianos en toda la jerarquía. Como asesoría, le corresponde al director de Comunicación (oficial elegido por la Comisión de Nombramientos) desarrollar estrategias para los proyectos de acción de los administradores y demás oficiales de la Iglesia. Por lo tanto, cada departamento de Comunicación deberá nombrar a una persona que revele un perfil adaptado a las exigencias de la función. 

El comunicador necesita prever ciertas acciones a fin de dinamizar la comunicación interna. Siempre bajo la orientación profesional del asesor de prensa o de comunicación de la Asociación o Misión, o bajo el paraguas del director del departamento de Comunicación de la sede administrativa local. 

Uno de los mayores errores con relación a la Comunicación en la Iglesia es el de tratarla como simple departamento. En los organigramas de las grandes corporaciones, la Comunicación está insertada en el contexto de la asesoría directa a la presidencia. De modo semejante, en la Iglesia, la Comunicación debe asesorar a los 

ancianos y, por extensión, al pastor distrital. Pero, finalmente, ¿cuáles son las tareas principales del comunicador? ¿Qué relación existe entre los métodos del anuncio en la programación de sábado y el ceremonial litúrgico de adoración? Las herramientas mediáticas 

¿deben ser usadas en un todo o en parte? ¿Cuál es su eficiencia? ¿Es necesario organizar un equipo? La recepción, el ceremonial y reglas de precedencia o protocolo, ¿están incluidos en las funciones del 

comunicador? A pesar de que estas y otras preguntas solo pueden recibir plena respuesta después de mucho análisis y reflexión, el comunicador tiene que considerar que cada caso se adapta a la realidad logística, financiera y de formación, en la cual está insertado. 

Elaborado para orientar a los directores de Comunicación en cuanto al desempeño de las funciones en las iglesias, este manual presenta los pasos de cómo organizar su departamento. Además de las debidas determinaciones en cuanto a las tareas jerárquicas, se pretende discutir nuevos formatos para la ejecución de las mismas. 

Entre estas tareas se destacan la redacción del boletín o de un micro periódico, la elaboración de la noticia en los anuncios del sábado, la estructura del mural, la organización de la recepción, la asesoría de los departamentos, incluyendo la gestión en época de crisis, cómo relacionarse con el departamento de Comunicación de las asociaciones y cómo funcionan las reglas de precedencia.


Definición de comunicación 

De origen latino, el término “comunicación” (communis) significa 

“tornar común” a todos. Esta es la esencia de la misión del comunicador: transmitir, informar a la iglesia sobre los hechos, eventos y actividades. Siempre recordando que, antes de informar, es necesario 

recoger, consultar, organizar los datos, reorientar, revisar y, solo entonces, hacerlos conocidos junto a los miembros de la congregación.

El comunicador actúa con frecuencia como un “reportero”, recopila la información, esto es, levanta datos, recurre a las fuentes 

(personas, documentos, publicaciones, instituciones), verifica su precisión y veracidad y la organiza para retransmitirla en el lugar y momento oportunos. Después viene la redacción, una revisión detallada y la prestación del servicio de comunicar por las vías que se encuentran a su alcance. 

Para hacer común a todos cualquier noticia o hecho, debe verificar la importancia de la información y cuál es su extensión. Si es de interés particular, no cabe al comunicador una exposición pública. El comunicador no presta un servicio como paloma mensajera particular, sino atiende los deseos de la colectividad. La información debe ser de provecho general. 

El compromiso de la misión determinada al comunicador hace que su objetivo principal sea el de servir a la Iglesia, ayudando a todos los departamentos, ancianos y pastor distrital. Incluida en ese paquete se destaca la obligación de asegurar y perpetuar las libertades de expresión y conciencia con responsabilidad y ética. 

Tal actitud de los comunicadores solidifica la capacidad de detectar elementos contrarios al orden democrático. 

Se engaña quien ingresa al mundo de la comunicación con la intención de transformarla en trampolín para intereses particulares. 

Nadie tiene que beneficiarse de las ventajas de ese departamento, sino señalar alternativas y defender el ejercicio de la ciudadanía cristiana y de la democracia. El comunicador idealista debe creer que llegará el día en el cual exaltará las virtudes de las obras y servicios prestados por los demás departamentos de la iglesia en la cual se congrega.

Nada se compara a la necesidad imperativa de que el comunicador lucha contra todo y cualquier preanuncio de censura a la palabra. Sin libertad, las demás prerrogativas desaparecerán gradualmente y obstruirán el trabajo de informar y opinar, hasta su completa extinción. El mayor perjuicio afectará, con seguridad, a la iglesia. El comunicador se desarrolló en las últimas décadas como un instrumento legal de la Iglesia para ser parte de la misión evangelizadora. Si permanece en guardia ante los hechos, con ojos atentos y oídos bien alertas, usando su creatividad y actuando en equipo, cumplirá con más eficacia el compromiso de servir a la iglesia a la cual pertenece.

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